“Me noto más presente. Mi mente a veces es un torbellino y la tengo que aquietar, y ahora estoy más conectada. Antes era trabajo-trabajo-trabajo y aunque ahora lo sigue siendo estoy más conectada: necesito centrarme, respirar, meditar… Y cada vez lo noto más el día que no lo hago, se me ha vuelto una necesidad, como comer o dormir… La práctica que hago por las mañanas me ha aportado un cambio muy positivo, por mi trabajo tengo tener mucha atención con las personas con las que estoy, y ahora me siento mucho menos agotada al hacerlo».
María N.




