“Estoy más en contacto con la naturaleza, con contemplar, oler, correr sin audífonos, quitarme los zapatos y las medias para correr en la playa, permitirme saltar y jugar con las olas… El disfrutar cada bocado, comer más lentamente…Ir más lento. Y también el quedarme en la cama de vez en cuando, que era algo que nunca jamás me quedaba porque pensaba que estaba ‘mal’ y ahora veo que por qué no permitírmelo… Mi autoexigencia se ha relajado y estoy en un estado de contemplación de lo más simple, y más agradecida”.