“Noto que estoy más sensible y más atenta a las necesidades del otro, y me comporto de forma menos reactiva. Puedo entender cuáles son las debilidades del otro y anteponerlas por delante de las mías; antes yo podía ver esas debilidades pero así no cedía… Veo positiva la posibilidad de relativizar más, por ejemplo en las relaciones con otras personas. Relativizar y entender que no pasa nada por soltar…”.