“Mi capacidad de poner atención, que es algo con lo que he batallado en mi vida, ha mejorado un montón. Puedo poner atención más tiempo y eso me beneficia mucho en el estado emocional: estoy más tranquilo. Me doy cuenta de que mi capacidad de poner atención y mi tranquilidad están entrelazadas. Tengo mayor control emocional. Mi intensidad sigue pero la puedo dosificar y estar más atento antes de que se dispare a un punto que no me guste. Mi nivel de estrés, preocupación y ansiedad bajaron mucho”.